“Y esa verdad será que no hay olvido”

Casa Grande dijo presente a la hora de reivindicar los sitios de la memoria como lugares indispensables para la construcción de nuestra identidad nacional. El martes 5 se votó por la mañana en el senado el proyecto de ley sobre declaración y creación de sitios de memoria histórica del pasado reciente y por la tarde la Junta de Montevideo homenajeó al Museo de la Memoria por sus 10 años.

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Comunicado sobre TLC Uruguay – Chile

Casa Grande ha tenido una postura muy clara desde que se inició la discusión sobre la conveniencia de que el Parlamento apruebe o no dicho tratado. Los argumentos políticos y técnicos se han expuesto con claridad en el Documento de Casa Grande sobre el tema (http://www.casagrandefa.com/2017/10/sobre-tratado-de-libre-comercio-con-chile-y-tratado-de-cooperacion-de-patentes/). Sin embargo, la discusión se ha profundizado sobre la interpretación técnica del tratado, ante lo que expresamos:

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Interrogantes sobre el TLC Mercosur – Unión Europea

En estos días, surgen noticias en los medios de comunicación de la probable firma de un Tratado de Libre Comercio entre el  Mercosur y la Unión Europea, después de muchos años de postergaciones. Al estilo de estos tratados, es muy poco lo que se conoce sobre sus contenidos. Rigen principios de secretismo, que no son propios de la democracia. En Uruguay poco se habla de sus contenidos. La bancada parlamentaria frentista, que en última instancia va a tener que aprobar cualquier acuerdo comercial, no tiene ninguna información. Tampoco la fuerza política. En los hechos, la información aparece después de firmado los acuerdos, lo que limita enormemente la tarea parlamentaria, porque el parlamento solo puede aprobarlo, rechazarlo, no tratarlo o devolverlo. No tiene posibilidad de realizar ninguna modificación.  Tampoco se conocen estudios de impactos del probable acuerdo, especialmente sobre el empleo productivo, ni tampoco sobre las posibilidades de diversificación de las exportaciones.

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Methol y el Uruguay como problema

Se están cumpliendo 50 años de la publicación “El Uruguay como problema “ de Alberto Methol Ferré y el Cefir le organizó un homenaje por dicho evento, en la que tuve el honor de participar. Methol, el Tucho como le decíamos, fue un querido amigo. Lo conocí en el Sorocabana de la plaza LIbertad y me habló tanto que me dejó tartamudo por dos días. Compartimos una mesa de café nocturna y diaria en el Palace, en la rinconada de la Plaza Independencia. Entre  otros también concurría Carlos Real de  Azúa, así que yo aprendía enormemente. Methol era una especie de sabio, historiador, filósofo, teólogo. En esa época participamos juntos en el equipo asesor de Seregni, desde enero de 1971. En cada reunión el Tucho era capaz de lanzar 4 o 5 ideas novedosas. Probablemente de ellas solo una era creativa y valiosa. Pero siempre había por lo menos una, que nos hacía pensar y reflexionar. En el 2008, volvimos a compartir una tarea política ayudando a la candidatura de José Mujica. El Tucho lo comparaba con Herrera. Decía que Herrera era el Mujica del patriciado y Mujica era el Herrera de los pobres.  Tenía dos grandes pasiones: la santa madre iglesia y la integración regional.

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Homenaje de la Junta de Montevideo por los 10 años del Hospital de Ojos

Compartimos las palabras de nuestra compañera Mariana Felártigas, edila de Montevideo por Casa Grande, en el homenaje realizado por la Junta de Montevideo el miércoles 29 de noviembre a los profesionales y técnicos del Hospital de Ojos «José Martí» en sus 10 años de labor.

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Diversas pero no dispersas

Entre el jueves 23 y el sábado 25 de noviembre nos reunimos en Montevideo más de 2300 mujeres de toda América en el 14 Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (14 EFLAC). Experiencia maravillosa donde todas pudimos dar nuestros puntos de vista sobre los más variados temas que tienen que ver con nuestra vida cotidiana, la sociedad, o con los diferentes espacios de trabajo o participación en donde nos encontramos. La riqueza de las diferencias y la diversidad. +


Sin política de suelo, no hay política de vivienda

La vivienda no es un tema técnico, es ante todo una cuestión política y, por lo tanto, su conceptualización, se deriva en planes, proyectos, modos de gestión y producción debe ser producto de un pensamiento situado políticamente. Algunas preguntas que planteo para reflexionar en torno a posicionar políticamente el tema están formuladas desde el paradigma de la justicia social, sinónimo de un pensamiento político de izquierda. Desde ese lugar, como síntesis subrayo tres ideas: la emergencia de la construcción colectiva por sobre lo individual, la defensa a ultranza de lo público por sobre lo privado y la idea de planificar en torno a un modelo de ciudad compacta frente a la extensión indiscriminada de la mancha urbana como síntoma de la expulsión de quienes no pueden permanecer en ella. Para finalizar, haré un reconocimiento de los logros del gobierno frenteamplista, pero sobre todo formularé los desafíos de la fuerza política en el tema de la vivienda, que permanecen pendientes.

 

La vivienda, ¿derecho o mercancía?

Parece retórica la pregunta, pero es pertinente porque la ciudad da cuenta de la primacía del mercado, y la lucha por el derecho a la vivienda es política e ideológica. En un contexto en el que el empuje neoliberal parece arrasar con todo, en el que el avance indiscutible del capitalismo, la promoción del extractivismo urbano (la entrega desmesurada de tierra pública a emprendimientos privados), la facilidad para la financiacion privada de la vivienda, la falta de barreras a la especulación inmobiliaria y la continua privatización del suelo, parece haber poco espacio para instalar la idea de que la vivienda es un derecho y no una mercancía. ¿Cómo achicar entonces la brecha entre la enunciación de la vivienda como un derecho y hacerlo realidad? ¿Cómo fortalecer y reconocer que la vivienda es un campo para la resistencia colectiva y la lucha por los derechos?

Mientras el derecho a la ciudad es resistido en muchos ámbitos, aunque intenta abrirse paso lentamente, las resistencias de las organizaciones populares que luchan desde los barrios por su mejora y por el derecho a la vivienda adquieren cada vez más protagonismo y visibilidad en Uruguay. Desde una perspectiva histórica, y en la víspera de los 50 años de la Ley Nacional de Vivienda, es de orden reconocer que en Uruguay la producción social de los proyectos autogestionados promovidos por el cooperativismo de vivienda han transitado la resistencia, y promovido la participación y la ciudadanía activa.

Pero el devenir de la construcción colectiva y las luchas por la vivienda se organizan también frente a la imposibilidad de acceder a un barrio digno, al derecho al agua y a la tierra, a los servicios públicos de calidad y al equipamiento social y urbano de proximidad, y esto no es otra cosa que darle contenido al derecho a la ciudad. Transitar de la marginación a vivir en un barrio con la posibilidad de tomar el ómnibus a pocas cuadras y vivir en una casa con una dirección (como Las Láminas, en Bella Unión, o Isla de Gaspar, en Montevideo) no deja de ser obra de la intervención de las políticas públicas socio-territoriales que han sabido reconocer a los actores sociales y dar voz, abriendo espacios reales de coparticipación en la gestión urbana. Es dar cuenta de que la lucha por la vivienda se dirime en una arena política que si es de izquierda abre paso al fortalecimiento de la ciudadanía, a la democracia y a la participación. El territorio, la ciudad y la vivienda no son meros escenarios donde transcurre la vida, son espacios vivos y promotores para la resistencia colectiva, son hechos significativos desde el punto de vista político.

Este reconocimiento de la lucha como campo legítimo es un principio clave a la hora de responder por la vivienda como un derecho, como parte de las responsabilidades del Estado para garantizarlo.

La vivienda, ¿hace ciudad?

Basta recordar la política de núcleos básicos llevada adelante en la década de 1990 por el gobierno blanco para poder afirmar con solidez que la vivienda no hace ciudad. Es más, diría que esa producción masiva, despojada, repetitiva representa la no-ciudad. Sin embargo, como afirma Jordi Borja en Revolución urbana y derechos ciudadanos, “sin vivienda, no hay ciudad”. La relación entre vivienda y ciudad es indisoluble. Vivir en la ciudad y habitarla es sinónimo de posibilidades y ante todo, como la percibió Jane Jacobs en los años 70, la ciudad habilita tanto la generación de espacios de encuentro con los otros como la posibilidad de la intimidad; es un estímulo para la creación, para el disfrute de la vida y, a su vez, nos permite crecer como personas y como sociedad.

Cuando la relación vivienda-ciudad no está resuelta, uno de los tantos problemas que aparecen es la inseguridad. La sensación de seguridad aumenta cuando hay más personas en las calles o mirando desde sus ventanas (sin duda alguna, para las mujeres, transitar seguras es aún un derecho recortado, y doblemente para las mujeres trans), por eso la permanencia de lo habitacional en los barrios consolidados, históricos y céntricos de la ciudad evita la desertización, sinónimo de muerte lenta o fragmentada en el correr del día. Cuando no hay viviendas en ciertos sectores de la ciudad, el vacío se apodera durante horas de la tarde o los fines de semana cuando la monoactividad cesa. Por eso es impensable una política de vivienda sin política de acceso al suelo urbano que asegure siempre la conjunción de múltiples actividades con la de residir. Pero ¿de quién es el suelo?, ¿cómo se accede a él?, ¿quién determina que el suelo urbano tenga un precio de mercado o un valor social?

Otra de las problemáticas actuales de la relación vivienda-ciudad es que la localización no es respetada o, dicho de otra manera, el suelo es un sujeto omitido. Esto se conoce con el nombre de gentrificación o, como algunos autores latinoamericanos lo llaman, colonialismo urbano. Significa la expulsión de personas de un barrio o territorios concretos producto de la inversión de capital privado o público, que genera el aumento del valor del suelo. La población es desplazada y su lugar, ocupado por grupos con mayor capital económico o cultural. El proceso de gentrificación es parte del vaciamiento de la ciudad consolidada, pero lo más importante es que socava el derecho de las personas a permanecer, destruye el tejido social de los barrios, rompe con las redes vecinales que generalmente las mujeres construyen para resolver la cotidianidad de la vida, la compra diaria, el cuidado de los niños y los mayores, el acceso a la salud, la escuela, en fin, la vida misma.

La ausencia de suelo público para las políticas de vivienda, agravada por las políticas neoliberales que profundizan la precarización del empleo, colocan a ciertos grupos sociales en situación de mayor vulnerabilidad para afrontar el pago de los alquileres y gastos asociados a la permanencia en los barrios. A su vez, las quitas fiscales, que facilitan al capital las inversiones especulativas en propiedades inmuebles y que se apoderan de las plusvalías urbanas, terminan promoviendo múltiples desalojos, que directa o indirectamente (como la liberalización de los precios de los alquileres) imposibilitan la permanencia de los más pobres, entre ellos, las mujeres solas y con hijos, los nuevos migrantes, la población afro.

Este circuito es doblemente perverso. La primera perversión forma parte de la violencia simbólica, pues desconoce el sentido de identidad que las personas tienen con un barrio y despojan a la gente del sentido de pertenencia que se construye con un lugar, un barrio concreto. La segunda, como expresa Saskia Sassen, forma parte de la violencia real que implican las expulsiones territoriales e institucionales hacia las periferias desurbanizadas de los excluidos de siempre, o sea, sigue consolidando la fractura social presente en Montevideo.

Desafíos pendientes

Sin política de suelo, no hay política de vivienda. El suelo urbano disponible y urbanizable no puede ser una mercancía con la que especulen inversionistas o desarrolladores promovidos, además, por una política fiscal facilitadora del capital privado, porque, ante todo, el suelo urbano debería ser un bien colectivo. Es por eso que las políticas de vivienda están intrínsecamente vinculadas con las políticas de acceso y permanencia al suelo urbano. Si bien un gran logro del primer gobierno frenteamplista de Montevideo –que hay que consolidar y fortalecer– en cuanto al acceso al suelo urbano ha sido la creación de la cartera de tierras y fincas, a la que las cooperativas pueden acceder para presentarse al Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente a solicitar los fondos públicos para la construcción de las viviendas, esta no es suficiente. No alcanza para desafiar al sistema y sus desigualdades estructurales. No alcanza el 0,4% que se destina del presupuesto nacional a la construcción de viviendas y al mejoramiento de las existentes.

Este es uno de los desafíos pendientes: más presupuesto para un urbanismo redistributivo que integre la agenda de derechos y reconozca la situación de partida diferencial de las personas; más posibilidades de acceso al suelo urbano que contemple el derecho a la ciudad para la adjudicación pública y preserve la ciudad compacta; mayor regulación del capital con impuestos progresivos a la irresponsabilidad de la propiedad privada, más subsidios para las necesidades de la gente, más cuotas de asignación por barrio a la vivienda social para frenar el proceso de gentrificación y mayor reconocimiento de la participación ciudadana en las políticas de acceso al suelo y a la vivienda. El binomio inseparable.

Silvana Pissano | Arquitecta y feminista. Directora general de Desarrollo Urbano de Montevideo.

Columna publicada en La Diaria

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«Así no»: Declaración ante ataques a nuestra compañera Fabiana Goyeneche

Tras los continuos ataques en redes sociales hacia nuestra compañera Fabiana Goyeneche. Casa Grande expresa:
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Declaración del Círculo Verde sobre Ley de Riego: A reglamentar

El proceso de tratamiento legislativo de las modificativas a la Ley de Promoción del Riego con Destino Agrario ha terminado. Teniendo en cuenta que es tarea del Poder Ejecutivo desarrollar su reglamentación Casa Grande plantea la necesidad de incluir en la misma algunos aspectos relevantes a los efectos de generar garantías en el plano de impactos ambientales que puedan derivar de su aplicación y estrategias para mitigarlos:

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Nuestro futuro en común

Ser a la vez ambientalista y oficialista no es changa en estos días. Se dice que Isaac Asimov solía afirmar que “negar un hecho es lo más fácil del mundo; mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho”. Las modificaciones a la Ley 16.858, de Riego con Destino Agrario, aprobada en 1997, son un hecho hoy y enfrentan a los frenteamplistas sensibles a la problemática ambiental a un nuevo capítulo de esta compleja realidad. A juzgar por las intervenciones de nuestros legisladores en la Cámara de Senadores, no somos muchos ni somos muy fuertes. Pese a los pedidos de postergación de Constanza Moreira –acompañados, eso sí, por Marcos Carámbula y Rafael Michelini–, las modificaciones que venían desde Diputados se votaron de forma express y con un nivel general de discusión que preocupa.

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